sábado, 13 de abril de 2013

Acuerdo histórico del G-8 en lucha contra la violencia sexual en zonas de conflicto



Hace pocos días recibí como regalo 3 libros. Los recibí de una persona muy especial a la cual adoro. Esa persona sabe de mi debilidad por la historia en general y sabe de mi particular interés por la historia de la Segunda Guerra Mundial. Uno de esos libros titula “Continente salvaje” de Keith Lowe. Lowe es un joven historiador inglés reconocido como una autoridad en esta guerra. Lo que hace particular y recomendable a este libro es que se enfoca en lo que pasó inmediatamente después de que finalizara oficialmente la Segunda  Guerra Mundial.  Se ocupa del legado dejado por la guerra, de la sed de venganza que generó, de las guerras civiles posteriores entre otros aspectos.

El autor nos sugiere en la primera línea de su obra, que imaginemos un mundo sin instituciones. La ley y el orden eran prácticamente inexistentes al finalizar la guerra  ya que no habían fuerzas judiciales ni policiales. Hoy en día nos cuesta mucho imaginar una realidad así. Pero eso fue lo que sucedió, sobretodo en 1945. Mientras Europa hacía todos sus esfuerzos por salir de esta situación caótica, hubo muchas mujeres que sufrieron vejaciones atroces. Además de padecer las consecuencias de un conflicto de tal magnitud (miedo, violencia, hambruna, desplazamiento,  ausencia, etc.) las mujeres sufrieron violaciones masivas que no deben ser olvidadas en razón de que en pleno siglo XXI existen zonas de conflicto donde se replican estas situaciones de crueldad y descontrol.

Muchas de estas mujeres murieron víctimas de esta violencia sexual, muchas quedaron embarazadas, muchas quedaron marcadas física y espiritualmente, muchas fueron despreciadas por los maridos que volvieron una vez culminada la guerra.  Existen testimonios de sobrevivientes de todo tipo, las aberraciones sufridas y de las consecuencias impensables de estas situaciones lindan con lo irreal. Por ejemplo las mujeres sufrieron la interrupción de su periodo menstrual (Anna Bergman una joven judía checa en el libro “Las voces olvidadas del Holocausto” de Lyn Smith) mientras vivió hacinada en el gueto de Theresienstadt, cuenta lo siguiente: “A todo el mundo se le fue la menstruación, dicen que es un síntoma de estar bloqueado. A todas se nos fue y pensábamos que estábamos embarazadas…”. Halina Kahn, también una joven judía, narra lo ocurrido en el gueto de Lodz cuando los soldados rusos llegaron al gueto para liberarlos: “Fue una horrible agonía, eran cosacos y llevaban tres o cuatro años en el frente, estaban sucios y negros, y vieron mujeres por primera vez y se llevaron a las mujeres y a las chicas a las barracas. Violaron a esas mujeres hambrientas y las dejaron hechas unos montoncitos de basura”.

Lowe, en “Contienente salvaje” le dedica varias páginas al tema de la violación, páginas que hay que leer dotados de una capacidad especial para soportar tan duras escenas. Lowe explica lo siguiente: “Cometer  violación en tiempo de guerra tipifica el abuso del poder militar y el uso gratuito de la violencia contra los ciudadanos indefensos”. “La violación siempre se ha asociado a la guerra: en general, cuanto más brutal sea, más probable es que conlleve violación de las mujeres enemigas”.  Esto nos lleva a reflexionar sobre el punto específico de que las posibles víctimas de violencia sexual en un conflicto bélico son TODAS las mujeres. En un primer momento durante la Segunda Guerra Mundial, fueron las mujeres de las minorías étnicas perseguidas las que sufrieron en mayor medida estos abusos, pero una vez terminada la guerra fueron las mujeres alemanas las que sufrieron esta violencia con mayor crueldad y en mayor escala ya que el factor de la motivación principal era la revancha. Es interesante notar que las mujeres alemanas sobre las que poco se habla en las crónicas de dicha guerra sufrieran tanta crueldad. Cito nuevamente a Lowe: “En muchísimos casos, las mujeres eran violadas en grupo, a menudo una y otra vez en noches sucesivas”. Vasilli Grossman escritor sobreviviente a la guerra entrevistó a una mujer de Schwerin que le dijo que “ya la habían violado hoy diez hombres”. En Berlín a Hanelore Thiele la violaron “siete seguidos, como animales” a otra mujer de Berlín la pillaron escondiéndose detrás de un montón de carbón en el sótano de su edificio: “23 soldados uno detrás de otro”, dijo después. “Tuvieron que darme puntos en el hospital. No quiero tener que ver con un hombre nunca más”. Karl August Knorr, oficial alemán en Prusia Oriental, afirma haber rescatado a unas 12 mujeres de un chalet en donde “habían sido violadas un promedio de 60 a 70 veces al día”. Y la lista continúa…

Las crónicas de violaciones de 1945, dice Lowe, llegan a ser verdaderamente repugnantes, al igual que las de otras atrocidades durante la guerra, debido a su gran número. Sin embargo Lowe descubre un aspecto macabro dentro de tanta sordidez: “El hecho de que la incidencia de violación fuera elevada durante varios años después de la guerra indica que no sólo estaba motivada por la venganza como sostiene mucha gente, en lugar de eso nos enfrentamos al indicio mucho más preocupante de que los soldados cometían la violación por el mero hecho de que podían”.

Es por esta razón que el anuncio dado este jueves 11 de abril por el ministro británico de asuntos exteriores, William Hague, de que los países del G8 (Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Canadá, Japón, Rusia) han llegado a un “acuerdo histórico” para combatir la violencia sexual en las zonas de conflicto, es pertinente, necesario y sobretodo humano. Hague dio a conocer el aporte de 26,9 millones de euros para este fin.

"Esta declaración supone un hito en los esfuerzos globales por erradicar el uso de la violencia sexual en los conflictos", dijo Hague, a quien acompañaron Zaimab Hawa Bangura, representante especial de la ONU contra la Violencia Sexual en Conflicto, y la actriz estadounidense Angelina Jolie, embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas.

El jefe del "Foreign Office" indicó que "las niñas y las mujeres están en sus momentos más vulnerables en época de conflictos o desastres humanos" y consideró importante "saber qué es lo que funciona mejor para erradicar la violencia terrible, con frecuencia sexual, a la que se enfrentan".

En el encuentro con los medios, la norteamericana Angelina Jolie, embajadora de la ONU, , afirmó que la violencia sexual contra las mujeres “puede evitarse y debe combatirse” y agradeció a los países del G8 su “compromiso de financiación para luchar “de forma global contra este problema”.

También se pronunció la enviada especial de la ONU Zainab Hawa Bangura, quien opinó que el G8 ha realizado con su acuerdo "progresos notables" en la lucha contra ese problema.

No podemos dejar de aprender la lección que nos deja esta historia cruel pero real, ocurrida en la Segunda Guerra Mundial. Las zonas de conflicto requieren esfuerzos prolongados y factibles que eviten que se repitan estas atrocidades. La estela de dolor que dejan estas dramáticas situaciones es larguísima. No termina con la violación. Traen consecuencias que enferman a la sociedad.

Todos los esfuerzos dirigidos a proteger a la mujer de la violencia sexual son importantes. En el Perú esta violencia se practica a escalas de terror. Las cifras nos acercan a la triste realidad del abuso que sufre la mujer, en nuestro contexto producto del machismo y los problemas sociales sin resolver. Saber que a nivel internacional se están tomando medidas me hace pensar en la posibilidad esperanzadora de que es viable destinar recursos para combatir este problema que trae tanto y tanto dolor, no solo a sus víctimas sino a familias enteras, a la sociedad en su conjunto.

Toda mi solidaridad con las mujeres víctimas de todo tipo de violencia.


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