A propósito del reciente estreno de la tercera temporada de
mi serie favorita Game of Thrones (titulada Juego de Tronos en español).
George R. R. Martin, su autor, ha pasado a engrosar mi lista
de aquellos seres humanos que considero extraordinarios, su imaginación e
inteligencia pueden disfrutarse en cada línea de su ya famosa saga, transmitida
por HBO, basada en su serie de novelas Canción de Hielo y Fuego.
Me pregunté qué tenía esa serie de fantasía medieval que me
entusiasmaba tanto. La respuesta llenaría varia páginas. Pero lo interesante es
que noté que los personajes, además de estar muy bien logrados y mantener un
equilibrio natural entre la bondad y la maldad que nos gobierna a todos (a unos
más y otros menos), también mantienen un equilibrio numérico y protagónico
entre los géneros.
Me explico. Haciendo una comparación superficial con otras historias
similares, sagas famosas e igual de irreales (El señor de los anillos, La
guerra de las galaxias, Harry Potter…) y salvando las respectivas distancias de
época y género literario, estamos acostumbrados a que sean los hombres los que
sobrepasan en número e importancia a las mujeres. Obviamente esto no ayuda en
nada a lograr la igualdad de género (con la que sueño) porque incluso ni
reparamos en esas “sutilezas” nada sutiles.
En cambio en Game of Thrones las mujeres son esenciales en
la historia (eso suena mucho más parecido con la vida real, no?). Además de ser importantes en la serie, son
figuras que fácilmente se ganan nuestra credulidad, son todas mujeres
auténticas. Ninguna personifica virtudes sin defectos o viceversa. Todas y cada
una de ellas siente y vive su feminidad y es consciente de la desventaja que en
su contexto les acarrea. Todas son
bellas, incluyendo a Briene de Tarth, y no me negaran, quien haya leído y/o
visto la serie, que la encuentra hermosa. Porque así como en la vida real, la
belleza tiene varias dimensiones, en la serie la guapísima Cersei se nos
deforma ante los ojos perdiendo atractivo víctima de su alma corrupta.
No quiero con este comentario convencer a nadie de que lea
los libros o vea la serie debido a esta particularidad, mérito de Martin, sino
más bien a que vean más allá de la fascinante historia lo enriquecedor del
equilibrio. Equilibrio de género en este caso. Tampoco quiero ahondar en detalles y
malograrles la serie a los que aún no la han visto. Mi consejo: Véanla!
A todo esto súmenle el esfuerzo de Martin de crear un nuevo
idioma, el “dothraki”, de mantener en la historia a miles de casas con sus propios
lemas, colores, blasones y representaciones. Dar vida a criaturas fantásticas,
crear elementos increíbles como el fuego valyrio, religiones con ritos y
dioses, mapas enteros con ciudades que se distinguen por su población de
fenotipos distintos, climas y costumbres únicas y nunca acabaría de nombrar
todos estos aciertos.
Apartándome un poco de la idea principal, no puedo dejar de
elogiar tanta imaginación, que me han proporcionado horas y horas de placer.
Dicen por ahí que la historia completa es casi tan extensa como la Biblia, mmm
no sé… pero de que es extensa, lo es. Pero que más queremos sus seguidores? Yo
quisiera que nunca acabe. Voy por el quinto libro y vivo feliz sabiendo que no
es el último.



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