viernes, 19 de abril de 2013

A un pasito del cielo...



Estas es una reflexión dirigida a aquellas personas que han olvidado que el Perú es mucho más que su ciudad capital, mucho más que las maravillas que orgullosos mostramos al mundo, más que su discriminatoria “Marca Perú”, y por supuesto mucho más que su selección de futbol.  El Perú es una maravillosa oportunidad de aprendizaje.
Solemos creer que para ser ecologistas, la mejor opción es seguir una carrera universitaria en ecología, ayudar a salvar ballenas y delfines a través del facebook, pegar una calcomanía de “Greenpeace” en el auto o botar las pilas en una botella de plástico. Creemos que ser respetuosos significa ser amables y tolerante con el prójimo (entiéndase a este como un ser humano). Sentimos que la seguridad en esta vida nos la da  un sueldo fijo y un seguro que nos ampara ante cualquier desastre.
Sin embargo a más de 4000 msnm tenemos la oportunidad de aprender sobre ecología, sobre respeto y sobre la fragilidad de nuestra seguridad con tan sólo mirar atentamente hacia arriba, al cielo, ahí donde viven también peruanos como tú y como yo. En realidad estas lecciones vienen de un lugar hermoso, preámbulo del cielo y eso explica porque estas enseñanzas parecieran de seres superiores, que justamente son esos que nuestro Estado excluye y abandona, que ironía.
Esto lo aprendí hace poco, leyendo a Jorge Flores Ochoa, un reconocido antropólogo que ha dedicado parte de sus investigaciones al mundo altoandino.
A partir de los 4200 msnm las comunidades que habitan estas zonas son exclusivamente comunidades de pastores de camélidos. Ante la perspectiva de que su futuro inmediato depende de esta actividad, los pastores de la puna alta le dan mucha importancia a los rituales mágico-religiosos, los cuales les proporcionan la seguridad relativa de que tendrán alimento y sobrevivirán.
Uno de estos rituales es el Haywarisqa. Es un ritual muy elaborado y que hace uso de muchos elementos mágicos tales como el Señalu q´epi que es la simbolización del ecosistema de pastoreo de la puna alta, dentro de este Señalu q´epi que es como un envoltorio donde se almacenan los objetos materiales e inmateriales, encontramos la enqa, los enqaychu, las illa entre otros elementos que son para agradecer a la tierra y a sus animales.
No quiero entrar en detalles porque tendría que pedirles mejor que lean al autor, pero lo que sí quiero transmitirles es que en esta ceremonia lo que se hace es “alimentar” con energía a las alpaquitas y llamitas de piedra que representan a sus animales de carne y hueso (illa). ¿Porqué? Porque ellos tienen un concepto muy importante: los animales que ellos cuidan no son suyos, no son de propiedad de la humanidad, les son entregados por los dioses para que los cuiden y se beneficien de ellos. Los animales que producen lana han sido entregados por la Pachamama, (la Santa Tierra), para que el hombre pueda vivir en las punas donde ya no se cultiva, gracias a la lana y a la carne que les proporcionan. Este concepto trae como consecuencia que los pastores altoandinos, vean a sus animales como a personas y que los traten como a tales, en esta interacción no existe explotación sino que, al cuidarlos con eficiencia se está asegurando la supervivencia de la humanidad.
En uno de mis viajes a las alturas del sur del Perú, tuve la oportunidad de ver como un pastor le hablaba al oído a su llamita para que está avanzara. Después leí que esta acción es muy común, que las palabras que les susurran al oído son palabras de amor, cariñosas, acompañadas de un pedido, no de una exigencia, incluso les cantan canciones. Dicen que es la única manera de que la llama avance, porque si se le exige con golpes o rudamente, el animalito no se mueve ni un centímetro.
En ciertas zonas el apelativo con que los pastores se dirigen a sus animales corresponde al vocablo “hermano”. Los consideran sus “hermanos” y por ende los cuidan como a tales. Esta relación fraterna con el reino animal implica nociones ecológicas de las cuales debemos aprender.
Es muy común ver que el hombre se siente dueño de todo, de los animales, de la tierra, todo tiene dueño, todo tiene precio, todo es del hombre. Es por esta forma errada de pensar que el mundo está tan deteriorado, ecológicamente hablando. Si todos pensáramos como estos pastores, que en la sabiduría pura de su actuar, cuidan su futuro y el del resto de seres en la tierra. En uno de sus mitos, ellos cuentan que las alpacas fueron entregadas por un Apu, éstas salieron de un lugar donde había mucha agua y que junto con estas alpacas salió una alpaca pequeñita. El hombre no supo cuidar de esta alpaquita, ya que la descuidó por su tamaño dedicándose solo a las grandes. La mujer que el Apu envió para velar por estas alpacas, se las llevó del mundo y el hombre solo pudo retener algunas que son las que hasta hoy pueblan las alturas. La lección está a la vista, si no cuidamos a los animales, llegará el día en que no quede ninguno.
Que importante resultó para mí conocer lo que pasa en mi país, en esos sitios de los que los peruanos nada saben y nada quieren saber. Esta gente, estos pastores, son personas que viven en armonía con su entorno, celebrando rituales que no son más que formas de agradecer a la tierra, es decir al mundo, por todo lo que les brinda para vivir. Se le paga a la tierra para que ésta se “alimente” y después de sus frutos, se le agradece, se le recompensa, se le respeta.
Aprendamos ecología de los que mejor tratan a su ecosistema. Aprendamos respeto de aquellos que respetan no sólo al prójimo, sino también a los animales, a la naturaleza. Aprendamos que la seguridad no nos la da el dinero ni un seguro, sino más bien la capacidad de cuidar para el futuro, de no acabar con los recursos. Pero sobretodo seamos agradecidos. Demos gracias desde donde estemos porque la energía que emana de ese sentimiento de gratitud alimenta a la tierra y ésta devuelve lo que se le da.







6 comentarios:

  1. Me gustó lo que escribiste, Mene. Estamos en la era de la conciencia. Saludos,

    Fede.

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  2. ...desde mi humilde punto de vista, el mensaje podía haber sido completamente dulce, claro y efectivo, sin necesidad de usar los dos primeros párrafos. Y es que más allá de que acepto que Lima no es el ombligo del Perú pero que sigue siendo un crisol maravilloso de nuestra cultura; más allá de que yo también me considero embajador de nuestras "maravillas"; más allá de que pienso que la "marca Perú" no es discriminatoria (sino esos quienes usan de ella para discriminar, que es distinto); y más allá de que algunas noches sigo viendo el último gol de Farfán a Chile y sigo sintiendo la emoción básica y trivial que solo el fútbol te sabe dar; más allá de todas esas razones, y a pesar de ellas, estoy casi seguro que esas dos primeras estrofas, le hicieron flaco favor a toda la canción. En fin (y en inicio), pienso que se trata de las clásicas diferencias de perspectiva entre una historiadora, y un silvestre y rústico consultor de negocios.

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  3. Gracias Juanpi por leerme y por comentar. Supuse que mencionar la palabra "futbol" iba a tocar una fibra sensible en mas de un lector, te confieso que me hubiera sentido un poco defraudada si ningún hombre reclamaba sobre este punto. Respecto a lo demás, tienes razón, principalmente porque entré con el pie en alto. Lo hice para llamar un poco la atención sobre las relaciones conceptuales que tenemos la mayoría de peruanos. Si hacemos una encuesta te aseguro que la mayoría responde así: Perú - Lima; Ecología - Mina no; Marca Perú - Boom gastronómico, etc. Creo que el mensaje no podría ser dulce sin que primero probemos un poquito del amargo que nos impide reconocer la miel que tiene el Perú.

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  4. Gracias Fede. Que gusto me dio que te gustara el post. Un abrazo grande.

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  5. Olá María,

    Muito interessante vossos escritos.

    Li algumas postagens de vosso blog e achei maravilhoso.

    Se desejar visite o meu: www.lindemberguesantos.com

    Sucesso pra ti, abraços do nordeste do Brasil.

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